San Francisco Javier (1506–1552) nació en el castillo de Javier, en Navarra, en el seno de una familia noble. Dotado de gran talento, marchó a estudiar a la Universidad de París. Allí, en el cruce decisivo de su juventud, Dios le salió al paso por medio de san Ignacio de Loyola. Aquella amistad —hecha de verdad, exigencia y gracia— fue arrancándolo de la ambición y encendiéndolo en un deseo único: servir a Jesucristo sin reservas y ganar almas para Él.
En 1534, junto con san Ignacio y sus primeros compañeros, hizo votos en Montmartre, origen de la Compañía de Jesús. Poco después, obedeciendo la llamada de la Iglesia, partió como misionero hacia Oriente. Embarcó en una empresa que hoy impresiona por su dureza: años de viajes por mar, soledad, enfermedades, idiomas desconocidos y territorios inmensos… y, sin embargo, un corazón que no se rendía.
Llegó a Goa en 1542 y se entregó sin descanso a predicar, confesar, socorrer a enfermos y formar a los sencillos en la fe. Una anécdota muy repetida lo muestra en su estilo: recorría calles y aldeas tocando una campanilla para reunir a niños y adultos; cuando acudían, les enseñaba el catecismo con paciencia, como quien sabe que una sola alma vale más que el mundo.
Su celo lo llevó a travesías y misiones cada vez más arduas: la costa del sur de la India, Malaca, las Molucas… En Travancore, las fuentes jesuitas mencionan un período en el que habría bautizado alrededor de 10.000 personas en poco tiempo, señal de la intensidad —y también del agotamiento— de su ministerio. De hecho, una tradición recogida por diversos autores cuenta que llegó a decir que, de puro cansancio, apenas podía mover el brazo de tanto administrar el Bautismo.
Más tarde alcanzó Japón (1549), donde, con valentía y prudencia, sembró la fe en un ambiente difícil y nuevo. Y cuando su alma ya sólo pensaba en llevar a Cristo más lejos, intentó entrar en China, entonces cerrada a los extranjeros. No lo logró: consumido por el trabajo y las privaciones, murió el 3 de diciembre de 1552 en la isla de Sanchón, a las puertas de China, mirando hacia la misión que no pudo completar, pero sostenido por la esperanza.
Fue canonizado en 1622 y la Iglesia lo venera como gran misionero y patrono de las misiones: ejemplo de amor ardiente a Jesucristo, obediencia, fortaleza y entrega total por el Evangelio. Su fiesta se celebra el 3 de diciembre.
✠ Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Oración para todos los días
¡Oh amadísimo y lleno de caridad, San Francisco Javier! Adoro reverente contigo a la Divinal Majestad y alegrándome en gran manera de los singulares dones de gracia con que te enriqueció en esta vida y por la gloria de que ya gozáis, le doy las más fervorosas gracias. Y a ti te suplico con todo el afecto del corazón que con tu eficaz intercesión me quieras obtener la principal gracia, que es la de llevar una vida santa y tener una santa muerte. Ruégote, además, que me alcances la gracia especial que ahora te pido (hágase la petición con gran confianza). Pero si esto que humildemente solicito no conduce a la gloria de Dios y al mayor bien de mi alma, te ruego me alcances la que para ambas cosas sea más conducente. Amén.
Padre Nuestro
Ave María
Gloria
Oración que compuso y decía el santo
Eterno Dios, Creador de todas las cosas: acordaos que Vos creasteis las almas de los infieles haciéndolas a vuestra imagen y semejanza. Acordaos, Padre celestial, de vuestro Hijo Jesucristo, que derramando tan liberalmente su sangre, padeció por ellas. No permitáis que sea vuestro Hijo por más tiempo menospreciado de los infieles, antes aplacado con los ruegos y oraciones de vuestros escogidos los Santos y de la Iglesia, Esposa benditísima de vuestro mismo Hijo, acordaos de vuestra misericordia, y olvidando su idolatría e infidelidad, haced que ellos conozcan también al que enviasteis, Jesucristo, Hijo vuestro, que es salud, vida y resurrección nuestra, por el cual somos libres y nos salvamos; a quien sea dada la gloria por infinitos siglos de los siglos. Amén.
San Francisco Javier, rogad por nosotros, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
Oración final
¡Oh Dios, que quisisteis agregar a nuestra Iglesia las naciones de las Indias por la predicación y milagros de San Francisco Javier! Concedednos que, pues veneramos la gloria de sus insignes merecimientos, imitemos también los ejemplos de sus heroicas virtudes.
Os lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo que con vos vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Propósito de confesarse y comulgar cuando se pueda.