En la segunda mitad del siglo XIX nació Giuseppe Melchiorre Sarto, en Riese, una aldea campesina del Véneto. Fue un sacerdote de parroquia, muy pegado a la gente sencilla, con fama de austeridad personal y de celo por enseñar la fe con claridad. Pronto llegó a ser obispo y, más tarde, patriarca de Venecia.
Su vida se resumió en su lema episcopal instaurare omnia in Christo (renovar todo en Cristo). Elegido Papa en 1903, gobernó desde la Santa Sede hasta su muerte en Roma (1903–1914). Desde ahí impulsó reformas muy concretas: reorganizó organismos de la Curia, abrió el trabajo de codificación que desembocaría en el Código de Derecho Canónico de 1917, y quiso elevar el sentido de lo sagrado en la música litúrgica, promoviendo normas que favorecieran la dignidad del culto.
Pero donde su huella se volvió más “popular” fue en dos frentes que tocaron a familias enteras. Primero, la comunión frecuente y hasta diaria: apoyó explícitamente esa práctica para los fieles bien dispuestos. Segundo, el acceso temprano de los niños a la Confesión y a la Primera Comunión: con el decreto Quam singulari dejó claro que, llegada la “edad de la razón” (en la práctica, alrededor de los siete años), no debía retrasarse injustificadamente la recepción de esos sacramentos. Esa decisión cambió la experiencia religiosa de generaciones. En paralelo, quiso una catequesis simple y sólida: de ahí la difusión del Catecismo de San Pío X.
En un tiempo de tensiones intelectuales, también combatió lecturas «modernistas» de la doctrina que erosionaban la fe recibida. Murió en 1914; su reputación de santidad quedó asociada a esa combinación rara de autoridad y sencillez, y a un pontificado centrado en lo esencial. Fue canonizado en 1954 por Papa Pío XII.
En el rito latino su memoria litúrgica se celebra el 21 de agosto.
✠ Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Glorioso Pontífice, San Pío X, devoto servidor de Nuestro Señor y amado hijo de María, te invoco como santo en el Cielo. Me entrego a ti para que seas siempre mi padre, mi protector y mi guía en el camino de la santidad y la salvación.
Ayúdame a observar los deberes de mi estado en la vida. Obtén para mí una gran pureza de corazón y un ferviente amor por la vida interior según tu propio ejemplo.
Papa del Santísimo Sacramento, enséñame a amar la Santa Misa y la Sagrada Comunión como la fuente de toda gracia y santidad y a recibir este Sacramento tan a menudo como pueda.
Amable padre de los pobres, ayúdame a imitar tu caridad para con mis semejantes de palabra y de obra.
Consolador del sufrimiento, ayúdame a llevar mi cruz diaria con paciencia y con perfecta resignación a la voluntad de Dios. Amado Pastor del rebaño de Cristo, obtén para mí la gracia de ser un verdadero hijo de la Santa Madre Iglesia.
San Pío X amado Santo Padre, imploro humildemente tu poderosa intercesión para obtener del Divino Corazón de Jesús todas las gracias necesarias para mi bienestar espiritual y temporal.
Te recomiendo en particular este favor… (menciona las gracias buscadas)
Gran Pontífice, a quien la Santa Madre Iglesia ha elevado al honor de nuestros altares y me ha instado a invocar e imitar como santo, tengo gran confianza en tus oraciones. Confío sinceramente en que si es la Santa Voluntad de Dios, mi petición será concedida a través de tu intercesión por mí en el trono de Dios.
San Pío X reza por mí y por los que amo. Te ruego, por tu amor a Jesús y María, no nos abandones en nuestras necesidades. Que podamos experimentar la paz y la alegría de tu santa muerte. Amén
San Papa X, ruega por nosotros
Padre Nuestro
Ave María
Gloria